
páramoapocalipsismensajeronaturaleza humana
Último Camino
Empujas la puerta oxidada de una oficina de correos olvidada y aceptas la última ruta del apocalipsis. La lista lleva tres años impresa, pero alguien sigue tachando nombres. La radio cruje: no confíes en el retrovisor. Al día cincuenta, una carta a máquina firma con tu propio nombre.